Este blog funciona como archivo personal, pero también como guía para todo aquel a quien pueda interesarle mi quehacer literario. Acá encontrarán las novedades y enlaces a cuentos, notas y artículos de mi autoría presentes en diferentes sitios de la vasta internet, como, además, las referencias a aquellas publicaciones en papel.

domingo, 26 de abril de 2009

El que mata


Ni denuncia, ni cuento, ni poema... Apenas un gesto vacuo, este texto. Lo paradójico es que ayer lo escribí, ayer se publicó, y ayer me pasé toda la noche (esta madrugada, en realidad) en la guardia del Hospital Interzonal porque un par de menores de edad golpearon y apuñalaron a mi hermano más chico. Por suerte está todo bien, de hecho ya le dieron el alta y todos estamos más tranquilos.

Mis ideales siguen en pie.

Ah, para leer el cuento en Químicamente impuro, pasar por aquí: "El que mata".

2 comentarios:

Javi dijo...

Me alegra saber que lo de tu hermano no fuera nada, aunque ese mal trago nunca se olvidará.
La ley de menores que tenemos aquí en España me hace (frecuentemente) vomitar. Entiendo que la reeducación es una obligación social, pero a su vez es una enorme mentira de los políticos, que meten a esos niños en centros de menores donde aprenden a ser delincuentes adultos. Algún remedio habrá que poner, ¿no?. ¿Cómo puede un tipo al que le faltan horas para cumplir los 18 años, matar a otra persona impunemente?. Eso ha ocurrido acá, más de una vez, hay casos sonados.
Saludos.

(Publiqué el comentario en Q.I., pero quería dejártelo aquí personalmente).

Francisco Costantini dijo...

Muchas, gracias, Javi.

Y sí, es un problema. Pero yo insisto que en definitiva siempre la culpa la tienen los grandes y, detrás de todo, quienes tienen el poder. No sé como será allá, pero acá todos los días nacen niños desclasados, de antemano marginados del sistema que quedarán en las manos de los vendedores de drogas, que los harán robar para suministrarles más drogas... Un círculo infinito, como Sísido arrastrando su piedra. Y los políticos que calientan silla, puras marionetas de quienes ostentan el poder económico, el verdadero poder.

¡Muchas gracias, otra vez!