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The Beats... |
1.
Un día de marzo en que recorría mecánicamente las
noticias de Facebook, leí una que me llamó mucho la atención. Decía: “La
Secretaría de Cultura del Municipio de General Pueyrredon convoca a las bandas
y solistas de todo el país que realicen tributos a artistas específicos a
participar del Mar del Plata Cover Fest que se llevará a cabo durante la última
semana de octubre en esta ciudad”. Primero pensé que era una de esas noticias
falsas (o, al menos, inescrupulosamente tergiversadas) que circulan en la web y
que buscan desprestigiar a tal o cual político, a tal o cual gobierno. Pero no,
era verdad. Desconozco si la convocatoria sigue vigente y no recuerdo más
detalles, pero lo que no olvido es lo que pensé en ese momento porque es algo
que ya pensaba desde antes y que aún sostengo: Las bandas de covers son una
mierda.
2.
Semejante afirmación puede causar enojo en alguno
o en varios de los que leen. Sin embargo, el apelativo no alcanza a aquellas
bandas que, entre un repertorio de temas propios, interpretan dos o tres temas
de sus músicos favoritos. Tampoco a quienes toman una canción ajena y la
reversionan. Ni a aquellos músicos que para alguna fecha en particular tributan
a determinado solista o grupo musical. Me refiero a los que tocan el repertorio
completo de una o más bandas, copiando cada detalle musical y escénico lo
máximo posible, en busca de causar en los espectadores la sensación de que
sí, que esos que están ahí arriba de las tablas son ellos, los auténticos; o,
al menos, en el intento de que, si los espectadores no son tan ingenuos, digan
pero qué bien estos pibes, la verdad que les sale igualito, y ese con la pelada
y con esa voz, es idéntico al Indio, y aquél otro con el pañuelo, no me jodas
que no es el calco de Axl Rose. Los máximos exponentes de esta mierdicidad en
nuestro país, claro, son The Beats.
3.
En la película Días
de Vinilo de Gabriel Nesci, uno de los protagonistas es el John Lennon de
una banda tributo a The Beatles. Una de las escenas transcurre durante un
ensayo donde cada músico está lookeado como el respectivo beatle al que
interpreta. El falso Lennon detiene el ensayo para retar al falso McCartney, a
quien le pide que junte más las piernas y marque mejor con los labios la u
cuando hace los coros. Claro, está nervioso porque se aproxima el concurso de
bandas tributo, donde, en caso de ganar, competirán en Liverpool, ni más ni
menos. Es entonces cuando Lennon, dice:
—Si llegamos a Liverpool, quién te dice que algún día, no haya bandas que nos rindan tributo a nosotros.
El falso Harrison, con cierta perplejidad, pregunta:
—¿Bandas tributo de una banda tributo?
A lo que el falso Lennon, encogiéndose de hombros, responde:
—Por qué no.
—Si llegamos a Liverpool, quién te dice que algún día, no haya bandas que nos rindan tributo a nosotros.
El falso Harrison, con cierta perplejidad, pregunta:
—¿Bandas tributo de una banda tributo?
A lo que el falso Lennon, encogiéndose de hombros, responde:
—Por qué no.
4.
En un ensayo de Pablo Capanna sobre Andréi
Tarkovski, en el capítulo titulado “La oferta y la demanda”, se lee una
reflexión que podemos aplicar no sólo a la música, sino a la industria cultural
en general: “A pesar de las agorerías del centenario, que imaginaban verlo
sucumbir [al cine] ante la realidad virtual y la animación computada, se diría
que el negocio del cine aún florece, aunque no ocurre lo mismo con la
creatividad. La industria crece al ritmo de las remakes, los reciclajes y las
temibles ‘secuelas’, pero se complace en nutrirse del pasado”.
5.
¿Será que vivimos en una época que será recordada por
ser un pastiche de tiempos anteriores? Todo es vintage o retro. Seguimos viendo
películas de superhéroes creados casi un siglo atrás. O la séptima película de
una saga iniciada en los setenta. Y, por supuesto, vamos a ver bandas de
covers. ¿Lo nuevo ya no interesa a nadie?
6.
Años atrás nos unimos los integrantes de dos
bandas marplatenses, Thesalineados y Fondoblanko, y realizamos un tributo a The
Ramones. Yo no tenía muchas expectativas sobre lo que podía pasar, pero cuando
tiré el primer acorde de guitarra y se abrió el telón de la Vinoteca Perrier vi
una inmensa multitud —al menos para los parámetros de una banda de rock de esta
ciudad— pegando saltos y coreando las canciones. Por un momento creí que eso
era por mí, por nosotros, pero enseguida recobré la cordura y me di cuenta de
que no. No recuperar la cordura es uno de los motivos por los que alguien puede
seguir tocando en una banda de covers. Otro motivo es ganarse la vida, aunque
no toda forma de ganarse la vida es necesariamente digna, claro.
Durante un tiempo más, una vez al año, seguimos haciendo dicho tributo. Fue bueno mientras duró, pero nada comparado con la posibilidad de interpretar las canciones creadas por uno mismo, aunque no le lleguen ni a los talones a las compuestas por los grandes del rock.
Durante un tiempo más, una vez al año, seguimos haciendo dicho tributo. Fue bueno mientras duró, pero nada comparado con la posibilidad de interpretar las canciones creadas por uno mismo, aunque no le lleguen ni a los talones a las compuestas por los grandes del rock.
7.
Es verdad, al menos para mí, que las bandas de
covers son una mierda. Sobre todo cuando pienso en todo lo que el rock
significó alguna vez (originalidad, romper con lo establecido, renovación
constante) y que aquellos que se dedican a hacer tributos, por más excelsos
intérpretes que sean, se encargan de pisotear con su, muy entre comillas,
“homenaje”. La mejor manera de tributar a un músico de rock es creando algo
nuevo a partir de lo que te inspiró, no emulándolo. Insisto, todo esto es así
para mí, y entiendo que muchos lo hacen para ganarse el pan, pero una cosa no
quita la otra. Sin embargo, los mayores responsables no son los tributeros; los
mayores responsables son los espectadores, los que pagan una entrada en
cualquier bar de la ciudad para verlos y escucharlos. Y los bares, claro, que
dan, en general, más lugar a este tipo de espectáculos y relegan a quienes
vienen peleándola, a veces desde años, desde lo más recóndito del under
marplatense. Y este año, claro, cabe sumar otro responsable: el municipio, con
su concurso de bandas de covers. Así, como dice Capanna, aumenta el negocio en
desmedro de la calidad.
8.
Un par de meses atrás fuimos con Julieta a ver la
muestra fotográfica Fan, de Nora
Lezano, que se exhibe en el museo MAR. Las fotos de los rockeros nacionales e
internacionales me parecieron de antología. Pero lo que más me llamó la
atención —además de una carta manuscrita de Andrés Calamaro con interesantes
errores ortográficos— fue una imagen puesta como al margen de la muestra en sí,
pero también de Lezano, que era una foto de un grafiti que decía más o menos
así: “Basta de bandas de covers. Usen la cabeza”. Genial.
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