lunes, 13 de enero de 2014

Cuando Godzilla casi destruye Mar del Plata

 
Cuando nos enteramos de que Godzilla realmente existía se produjo, como era de esperar, una gran conmoción mundial. Pero fue nada comparado al día en que supimos dos cosas muchísimo más extrañas: el monstruo sabía hablar (japonés, claro, pero algo es algo) y si había roto el silencio era para manifestarse en contra de todas las adaptaciones cinematográficas y de otras ramas artísticas que se habían erigido en su nombre pero sin su autorización. “Todo el tiempo —aducía Godzilla— me la paso en el fondo del mar sin joder a nadie, pero ustedes insisten en que soy una bestia que destruye ciudades y como gente. Pero si eso es lo que quieren ver, que así sea.”
 
Estaba decido. Un comunicado suyo indicaba que llegada la última semana de ese año destruiría siete ciudades costeras (“Tampoco es cosa de andar internándose en el medio de ningún continente, no les tengo taaanta bronca”, afirmaba), ciudades que los propios seres humanos debíamos elegir a través del voto en una fan page de Facebook que el monstruo ponja se había armado.
 
Claro, la idea era votar en contra de tu propia ciudad o de aquellas que te gustaban. Sin embargo, acá en Mar del Plata, alentados por el intendente Culti, se nos ocurrió que ser destruidos por el monstruo iba ser una gran atracción turística (como se sabe, los marplatenses hacemos lo que sea porque vengan más y más visitantes). Así que comenzamos a hacer lobby en cuanta red social existe, y al cabo de un mes lleno de angustia y esperanza, conocimos los resultados. ¡Mar de Plata había sido la más votada! Por lo tanto, el 31 de diciembre recibiríamos al ilustre Godzilla; de hecho, Culti ya tenía preparada la llave de la ciudad.
 
“Terminá tu vida en La Feliz”, “Mar del Plata, una ciudad monstruosa” o “Dejate comer y sé parte de la historia… Tu historia”, fueron algunas de las frases que se escucharon por la radio, por la tele o que aguardaban en las diferentes entradas a la ciudad. No lo podíamos creer; esto era mejor que la final de la Davis o el Dakar. Andábamos con el pecho inflado, para qué negar.
 
Como era de esperar, comenzó diciembre y ya no cabía un alfiler en la ciudad; ni hablar después de Navidad. Turistas de todos los rincones del país querían ser parte del evento apocalíptico del siglo —que terminó siendo de la década nada más, por el asunto ese de los extraterrestres de Cursi 5, pero esa es otra historia—. Fuimos viendo cómo ciudades de las que jamás habíamos oído hablar eran destruidas una por día por Godzilla; cómo caían edificios; a las fuerzas militares de las diferentes naciones ser arrasadas… Y ya nos sentíamos ahí, entre las fauces del monstruo, o aplastados por sus patas o alguna pared.
 
Llegó el 31. Nunca habíamos visto tantas personas en la playa, mirando al mar, expectantes, tomando mates, algún helado; los vendedores de churros y choclo laburaron como locos, recuerdo. Culti estaba ahí también, en la punta de la escollera más larga, con su mejor traje y la llave de la ciudad en la mano. Cada tanto alguien anunciaba “Allí viene”, pero no, se trataba de algún barco o alguna gaviota.
 
Y pasó el 31. “¿Y Godzilla?”, nos preguntábamos, sorprendidos, desilusionados. Poco a poco fuimos abandonando la playa y regresamos a nuestros hogares. Allí, frente a alguna pantalla (de tv, de compu, o lo que sea) fue que cada marplatense pronunció más o menos lo siguiente: ¡MONSTRUO PONJA HIJO DE MIL PUTAS, ANALFABETO DEL ORTO! Con perdón de los analfabetos, los japoneses y los hijos de puta, claro. Resulta que el bicho pelotudo en vez de destruir Mar del Plata, destruyó Punta del Este.
 
“Me confundí”, dijo. Y prometió emendar su error cuando quisiéramos, pero no: al verano ya lo teníamos arruinado.
 
¿Qué hizo Culti con la llave? No sé, en algún lugar la habrá metido.

3 comentarios:

CARLA DANIELA PONCE dijo...

Me causo mucha gracia, bastante delirante!!!!

Ariel Vargas dijo...

Jajaja Muy Bueno Profe!!

Anónimo dijo...

Jajaja,¡muy bueno!